La incertidumbre provoca que muchas familias no lleven a sus hijos a clase por primera vez

La imagen de este jueves, primer día de clase para miles de escolares en Extremadura, es muy distinta a lo que estamos acostumbrados. Hoy las filas se forman con distanciamiento social, sin abrazos y ocultando la sonrisa de los más pequeños bajo mascarillas de colores.

Hoy el olor es a gel hidroalcohólico y a incertidumbre. Esa misma incertidumbre que ha llevado a que muchas familias de la región renuncien a llevar a sus hijos a clase por primera vez. La Educación Infantil es voluntaria y los padres y madres se han acogido a esta norma para preservar la salud de toda la familia.

Es el caso de José Luis Gilgado, padre de una familia de cuatro con un bebé de 7 meses y una niña de 4 años que hoy debería haber vuelto a su aula en Don Benito.

Un padre que muestra la preocupación por las palabras que este miércoles transmitía el alcalde dombenitense, José Luis Quintana, aseverando que los niños estarían seguros en las aulas.

“No comparto las palabras del alcalde, es una bomba de relojería meter a tantos niños en los colegios”.

Gilgado recuerda el mes de marzo cuando la comarca de las Vegas Altas no estaba castigada en exceso por el coronavirus y se cerraron los colegios. “Ahora, con los brotes que tenemos en localidades vecinas no se hace nada”.

Del mismo modo muestra su rechazo a la ratio de las aulas de este año. Mientras que el vicepresidente segundo, José María Vergeles, asegura que ningún aula de Educación Infantil se superarían los 18 alumnos, el aula de su hija Lucía la componen 25 niños.

“El alcalde ayer decía que se había tomado la decisión de no dividir a los alumnos porque conlleva más riesgo trasladarlos a otras instalaciones que no están acondicionadas pero no estoy de acuerdo. Que se lo digan a los hosteleros que da lo mismo un local con 20 que con 25 personas”.

Al respecto, considera que la ratio la han bajado los padres que han renunciado a que sus hijos vuelvan a las aulas. En su clase, de 25 alumnos tan solo 10 han asistido este jueves a su primer día de clase.

“Queremos llevar a los niños al colegios pero por delante de la educación está su salud y la de toda mi familia”.

Este padre se muestra tajante por lo que ha preferido reducir sus horas de trabajo para atender a las necesidades educativas de su pequeña.

Junto a él, las familias de otros cinco niños han emitido un escrito al colegio al que pertenecen para informarles de que “por el momento” sus hijos no asistirán a clase. Una decisión que afirma ha sido apoyada por la dirección del centro educativo que afirma que no perderán su plaza

En este escrito, las familias solicitan que en la medida de lo posible sea la profesora de turno la que les envíe ejercicios para poder hacer un seguimiento desde casa del mismo modo que se hizo durante el Estado de Alarma, aunque no se realice con la misma asiduidad.

Gracias a esta decisión, “los padres hemos bajado la ratio y solo pedimos que no se nos obligue a llevarles”. “Queremos llevar a los niños al colegios pero por delante de la educación está su salud y la de toda mi familia”.

José Luis respeta la situación del resto de familias que sí han acudido hoy al primer día de colegio, algunos de ellos, necesitados de este apoyo para la conciliación familiar.

 

Una buhardilla sustituye el aula

Tomar esta decisión no ha sido fácil. Esta misma mañana ha habido lágrimas en casa al hablar con otros compañeros que sí han acudido al colegio. “Nos van a faltar los compañeros que es lo más importante”.

La buhardilla de casa ha dejado a un lado los juguetes para convertirse en un pequeño aula improvisada. Una mesa para papá y un pequeño pupitre para Lucía serán el lugar en el que padre e hija pasarán la mayor parte del invierno si la situación no mejora.

La decisión se ha tomado en casa de manera consensuada y es que no consideran lógico privar a su pequeña de abrazos y juegos con sus amigos. “No sé cómo explicarle que no puede compartir, abrazar y jugar y mucho menos asegurarle que el año que viene sí que podrá hacerlo”, admite.

Y es que Gilgado no ve seguro esto que nos han contado de las “clases burbujas”. Hay muchos niños que tienen hermanos mayores en aulas en las que ya no forman grupos de convivencia “y se puede formar un circo muy gordo”.

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