Belén Fernández

Profesora de Física y Quimica. Nació en Don Benito y es licenciada en ciencias Químicas por la Universidad de Extremadura. Bilingüe en Inglés Máster por la UNIR en prevención de Riesgos laborales.


¿Conocemos los riesgos de las nuevas tecnologías?

Que la tecnología resuelve es ya un hecho sobradamente conocido.

La llegada de internet a nuestra casa nos abrió las puertas a la comunicación instantánea pero las tres W también derivó en inesperados riesgos.

El acoso tiene muchas caras, entre ellas el “ciberbullying”, “sexting” y “grooming”… ¿en qué consiste cada uno de ellos?

El "grooming" es "un nuevo tipo de problema relativo a la seguridad de los menores en Internet, consistente en acciones deliberadas por parte de un adulto de cara a establecer lazos de amistad con un niño o niña en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual".

Se trata de un problema cada vez más común aunque nos pueda parecer muy lejano. Las principales dificultades para atajarlo y terminar con él son el anonimato de los delincuentes, la inocencia de los menores y la fácil accesibilidad de internet. Y es que, a diferencia del ciberacoso, en el "grooming" "el acosador es un adulto y existe una intención sexual"

El ciberacoso o ciberbullying es un término que se utiliza para describir cuando un niño o adolescente es molestado, amenazado, acosado, humillado, avergonzado o abusado por otro niño o adolescente, a través de Internet. Se caracteriza por que el acoso se da entre dos iguales, en este caso, menores.

El ciberbullying no es algo que ocurra una sola vez y además se presenta de distintas formas, desde insultos, discriminación o burla sobre características físicas, forma de vestir, gustos, hacer pública información o fotografías que avergüenzan a la víctima, robo de identidad y suplantación, hasta amenazas de daño físico y otros cargos que pueden ser tipificados como delincuencia juvenil.

Por ejemplo, que un amigo o el mismo individuo cuelgue o envíe a alguien una foto en que un compañero sale mal puede no implicar que éste quiera humillarle, pero una tercera persona puede hacer un uso diferente al pretendido.

Nos sorprenderá saber que un 31% de los menores de edad en España reconocen haber practicado ‘sexting’ pero ¿qué es el ‘sexting’? es una práctica extendida entre los adolescentes y conviene tener claros unos procedimientos para evitar problemas.

El fenómeno del ‘sexting’ consiste en compartir imágenes o vídeos de desnudos o semidesnudos sexualmente sugerentes a través de los canales digitales como redes sociales o servicios de mensajería instantánea como WhatsApp.

Estas imágenes pueden ser propias o de otra persona. Si la práctica es consentida, simplemente es una forma más de vivir la sexualidad. Pero en el caso de los menores de edad, puede derivar en situaciones desagradables para ellos, y corren riesgo de que se derive en una situación de ciberacoso.

No se trata por tanto de evitar las tecnologías sino de hacer un buen uso de ellas y ser conscientes de los peligros que entraña.

“Son cosas de niños”

Cuántas veces habremos escuchado decir esta frase “Son cosas de niños” en entornos como el parque, la puerta del colegio o a la salida de una u otra actividad extraescolar. Y no, no son cosas de niños , no lo son cuando a uno de los dos hiere y no me refiero a golpes ( que también) sino a esos daños que no se aprecian en la piel sino bajo la piel.

Hoy en día, profesores y padres estamos muy sensibilizados con el acoso escolar, pero ¿somos conscientes de dónde comienza? Apoyada en películas como “Cobardes” o “Wonder” debemos transmitir a nuestros hijos que un “simple” empujón que se repite, un apodo que denigra, un insulto en la pizarra…es un forma de ejercer y sufrir acoso escolar pero no menos dañino es la indiferencia o el alejamiento.

Es una responsabilidad conjunta de la comunidad educativa, los padres y los compañeros evitar que el acoso escolar siga existiendo. ¿Los compañeros? Sí, ellos son los más importantes, deben ser conscientes que desde el mismo momento que se convierten en observadores de una situación, cuánto menos desagradable, tienen un papel fundamental para la persona agredida física o psicológicamente.

Si nos fijáramos más, veríamos que todos somos distintos y como padres debemos conseguir que si nuestros hijos tienen el papel de líder, que lo utilicen de forma positiva, que sean capaces de integrar a ese compañero al que ir a la escuela/instituto se le está haciendo cuesta arriba por tener que soportar a aquellos cuyo mal comportamiento les hace sufrir.

Hoy en día son muchos los recursos que tenemos al alcance de la mano, utilicémoslos para que los niños desde edades tempranas aprendan que siendo amables podemos conseguir mucho más que con un montón de malas intenciones.

Debemos dar protagonismo a la empatía, a la amabilidad a mirar más allá de lo que parece para apreciar lo que realmente se es.

El debate de los deberes

Con el inicio de un nuevo curso, una nueva aventura comienza para alumnos, padres y, por qué no decir, para profesores. Muchos e importantes son los temas que a profesores y padres nos preocupan y, aunque en la mayoría caminamos juntos, hay algunos en los que pisamos tierras fangosas. Concretamente, me estoy refiriendo a dos asuntos tantas veces debatidos: los deberes y las actividades extraescolares.

Hablando con una amiga hace poco, surgió esta conversación y recordaba cómo, años atrás, nuestras madres (que eran las que solían estar en casa) no tenían que hacer los deberes ni actividades con nosotros, sino que las hacíamos como podíamos por nuestra cuenta y riesgo sentados largas horas delante de los libros hasta que podíamos salir a la calle a jugar porque ya habíamos terminado. Sí, a jugar, o a comer pipas en el parque, porque no había ni las numerosas actividades extraescolares que hoy en día nos saturan, ni nuestro tiempo debía ser compartido con tanto videojuego y canal temático. Hoy, sin embargo, es extraño encontrar a algún niño que no esté de aquí para allá tarde tras tarde: fútbol, pádel, inglés, natación, conservatorio, ballet y ¡hasta sevillanas!…que sí que todo suma, sí, pero, nosotros no las tuvimos y somos personas independientes, formadas y con carrera universitaria…

También es cierto que hace años los padres no tenían quizás la implicación que hoy tienen y que los profesores intentamos hacerles partícipes en ciertos trabajos y actividades para que compartan más tiempo con sus hijos, para que, de una forma u otra, se cree un mayor vínculo entre ellos y pasen un tiempo que, de otra manera, puede ser difícil compartir; no porque no quieran, sino porque pueden ser muchas y variadas las situaciones las que se lo impidan.

Con esto no quiero decir que los padres tengan que hacer los trabajos, actividades o deberes a los niños, ¡ni mucho menos! Los profesores a quienes queremos corregir y enseñar son a los alumnos, no a sus padres.

Y es que, aunque se haya debatido mucho sobre ello, los mal llamados “deberes” son fundamentales en muchas ocasiones: ayudan a los alumnos a reforzar los conceptos aprendidos en clase, les motivan cuando están bien hechos o les enseñan, si están mal, que las cosas no se aprenden a la primera, sino que se pueden sacar a la segunda, o incluso a la tercera; pero que el esfuerzo tiene su recompensa. Además, les forma en ser independientes, pues ellos mismos deben apuntar qué tienen que hacer y ser responsables de sus tareas…

Por eso siempre digo, utilizando una metáfora culinaria, que los padres en esto tienen que hacer como cuando cocinamos el arroz: no estamos todo el tiempo mirando la olla sino que vamos de vez en cuando a ver cómo va.

Por todo ello, y entre actividad y actividad extraescolar, creo que debe quedar un tiempo para los deberes. No obstante, termino como empecé: todo en su justa medida y adecuado a su etapa, pues los niños deben desarrollarse en todas sus facetas y debemos ser conscientes de que jugando también se aprende y más si es como hace años… en la calle y con amigos.

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